Diferença entre Salvação e Vida Eterna

A pergunta do jovem rico – “que farei para herdar a vida eterna?” (Mc 10:17) – não estava teologicamente errada, pelo contrário, estava  corretíssima! Veja que Jesus não contrapôs a indagação, nem a reprovou chamando o jovem de fariseu e legalista, mas deu a resposta certa: “guarda os mandamentos”. Se a pergunta do jovem fosse “que farei de bom para herdar a salvação?”, aí estarei equivocada e Jesus responderia da mesma forma que Paulo e Silas responderam ao carcereiro filipense: “crê no Cristo e será salvo” (At 16:31).

Há diferença entre salvação e vida eterna. A salvação é obtida pela graça mediante a fé (Ef 2:8-9). A vida eterna é mantida pela obediência, após a salvação (Lv 18:5; Rm 2:7). A vida eterna segue à salvação, mas não são iguais. Adão no Éden, os anjos não caídos e os salvos na futura Nova Terra não estão na condição de salvos, estão na condição de vida eterna, e devem obedecer para se manter assim (Adão seria salvo de quê no Éden, antes de ter caído? Os anjos não caídos seriam são de quê? Não estavam perdidos para ser salvos, não tinham salvação, tinha vida eterna).

“Deus estabeleceu em Sua Palavra as condições pelas quais todos são candidatos à vida eterna: obediência aos Seus mandamentos, pela fé em Cristo.” (Patriarcas e Profetas, 207) (obediência pela fé, isso não é legalismo)

“Prometia-lhes [Deus na Nova Aliança] também vida eterna sob condição de fidelidade para com a lei de Deus.” (Patriarcas e Profetas, 371)

“As condições da vida eterna são tão claras na Palavra de Deus que ninguém precisa errar… Estamos dispostos a cumprir as condições? Obedeceremos a Deus e guardaremos Seus mandamentos? Seremos praticantes da Palavra, e não apenas ouvintes?” (Fé e Obras, 36)

Salvação parece estar mais ligada à justificação e vida eterna com a santificação. O problema do jovem rico nem era tanto o legalismo, mas a idolatria do eu e a Mamom. Ele não guardava os mandamentos como professava.

P.s.: Se você crê que esta diferença parece um legalismo ou salvação por obras, recomendo a leitura dos seguintes capítulos: Patriarcas e Profetas, cap.32, “A lei e os concertos”; O Desejado de Todas as Nações, cap.57, “Uma coisa te falta”; O Grande Conflito, cap.28, “O grande juízo investigativo” e o livro Fé e Obras.

Salmo 119 – Comentários

Salmos 119
CBA

” El Sal. 119 expone la alegría y el gozo que experimenta el que sigue la ley de Dios como su guía. “

” Este es un salmo acróstico compuesto de 22 partes, cada una de las cuales consta de 8 versículos. Las 22 partes corresponden a las 22 letras del alfabeto hebreo (ver pág. 15). En hebreo todos los versículos de la primera sección comienzan con ‘álef , primera letra del alfabeto hebreo. Todos los versículos de la segunda sección con bet , segunda letra de ese alfabeto, etc. “

” Encuanto a que David sea el autor del Sal. 119. ver DTG 364; OE 270; 3TS 386; 4T 534. El primer versículo presenta el tema en torno del cual gira todo el salmo. Salvo el vers. 122, todos los demás contienen alguna referencia inequívoca a la revelación de Dios a la humanidad. “

” En la primera sección del salmo, aparecen las siguientes palabras: “ley”, “testimonios”, “caminos”, “mandamientos”, “estatutos” y “juicios”, las cuales indican los diferentes aspectos de la revelación divina (ver com. Sal. 19: 7). El uso de estos diferentes vocablos embellece el salmo y evita la monótona repetición de una misma palabra. “

1.

Bienaventurados.

” Heb. ‘ashre (ver com. Sal. 1:1). El salmo comienza con una bendición para los que obedecen la ley del Señor. “

Perfectos.

” Heb. temimim , plural de tamim, “completo”, “sin culpa”, “intachable”; se traduce también como “”perfecto” ” (Gén. 6: 9).

Que andan.

Una vida santa equivale a vivir de acuerdo a la ley.

Ley.

Heb. torah, ” “enseñanza” ” o ” “instrucción” (ver com. Deut. 31: 9; Sal. 19: 7; Prov. 3: 1).

2.

Testimonios.

Ver com. Sal. 19: 7.

Todo el corazón.

No se puede servir al Señor con el corazón dividido (Deut. 6: 5; Mat. 6:24; 12: 30; Luc. 16: 13).

3.

No hacen iniquidad.

O sea que su único propósito es estar en armonía con la voluntad de Dios.

4.

Mandamientos.

Heb. piqqudim , “órdenes”, “preceptos”, es decir, mandatos específicos que expresan nuestro deber para con Dios (ver com. Sal. 19: 8). Los mandamientos de Dios requieren cuidadosa obediencia y las personas o naciones no pueden quebrantarlos sin que sufran resultados desastrosos.

5.

Estatutos.

Heb. joq, “lo prescrito”, del verbo jaqaq , “grabar” o “inscribir”.

6.

Mandamientos.

Heb. mitswah, “orden” , “mandato” (ver com. Sal.19: 8).

7.

Aprendiere.

El salmista se presenta a sí mismo como alumno de la escuela de la ley.

Juicios.

Heb. mishpat , “decisión” o “‘juicio” (ver com. Sal. 19:9). Mishpa.t también puede referirse a los “actos judiciales de Dios”.

8.

No me dejes.

Cuando las personas o las naciones persisten en abandonar la ley de Dios, éste permite que sigan sus inclinaciones (cf. Ose. 4: 17); pero nunca abandona a los que guardan su ley.

9.

Tu palabra.

Los que emplean eficazmente la “espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” ” (Efe. 6: 17), vencerán las tentaciones. El Maestro hizo frente a las tentaciones más sutiles de Satanás con un “escrito está” ” (Mat. 4: 4, 7, 10). Hoy debemos utilizar las mismas armas espirituales. La mente siempre debe nutrirse con la Palabra; de Io contrario se debilitarán las defensas del alma y Satanás saldrá victorioso. El descuido del estudio de la Palabra y de la meditación en ella, aun por un día, resulta en una grave pérdida.

10.

No me dejes desviarme.

Aunque debemos ejercitar todas las facultades del alma en el conflicto contra el pecado, continuamos necesitando la ayuda del Señor. Sólo se puede resistir y vencer el pecado mediante la poderosa ayuda de la tercera persona de la Divinidad (DTG 625); pero Dios no hace nada a favor de nosotros sin nuestro consentimiento y cooperación (DTG 621). Somos muy propensos a desviarnos. Cuán a menudo nos descarriamos como ovejas en las laderas de un monte (ver Isa. 53: 6).

11.

He guardado.

Este versículo encierra el secreto de la verdadera vida cristiana. El solo conocimiento de la Palabra no nos preservará del pecado; pero cuando se atesora la Palabra de Dios en el corazón, se tienen las armas para hacer frente y derrotar al astuto enemigo (ver Job 23: 12; Prov. 2: 1, 9; Jer. 31: 33).

12.

Bendito tú.

Ver com. Sal. 63: 4.

Enséñme.

Todos necesitamos ser alumnos de la escuela de Dios. Gran privilegio es poder solicitar que se nos envíe el divino Instructor, y luego recibirlo (ver Juan 14: 26; 16: 13).

13.

He contado.

Todo discípulo fiel contará a otros el gran gozo que siente en la Palabra de Dios y los invitará a compartir con él esa bendita experiencia (ver Deut. 6: 7; cf. Mat. 12: 35).

14.

Más que de toda riqueza.

El que cree en la Palabra, aunque sea rey como David, halla mayor satisfacción en sus tesoros que en las riquezas terrenales. Los tesoros de la Palabra de Dios son de mucho más valor que el oro o las piedras preciosas. Las riquezas desaparecen, pero los tesoros celestiales perduran eternamente (ver Mat. 6: 19-21).

15.

Meditaré.

Cuando el alma medita en las verdades de la Palabra de Dios, ellas llegan a ser parte de la vida. La lectura rápida, sin reflexión, aprovecha poco. La meditación tranquila permite que el Espíritu Santo aplique debidamente los principios generales a la experiencia individual. “Una razón por la cual no hay más piedad sincera y fervor religioso, es porque la mente está ocupada con cosas sin importancia y no hay tiempo para meditar, escudriñar las Escrituras u orar” (CW 125).

La meditación es una ayuda contra la tentación. La mente que está llena de los preceptos de Dios no tiene lugar para pensamientos frívolos o degradantes. La persona cuya mente está saturada de esos preceptos, andará por un camino puro.

16.

Me regocijaré.

Es natural que el regocijo siga a la meditación, pues es el fruto de ella. La ley deja de ser una carga y se transforma en la fuente del mayor gozo y deleite. Los que viven en armonía con Dios hallan gran placer en leer su Palabra. La verdadera religión no inhibe nuestras facultades, sino que las desarrolla mucho más.

17.

Haz bien.

Cf. Sal. 13:3, 6. La vida y la obediencia tienen una estrecha relación (Luc. 10: 28).

18.

Abre.

Heb. galah , “descubrir”, “revelar”. El salmista ruega que se quite todo lo que pueda cubrirle los ojos. No podemos penetrar en lo profundo de la Divinidad, pues ” “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios” ” (1 Cor. 2: 14). Necesitamos que el Señor nos cure la ceguera del alma y nos conceda el Espíritu Santo, pues sólo éste puede revelarnos las cosas de Dios (1 Cor. 2: 10).

19.

Forastero.

Heb. ger , “transeúnte”. forastero que no tiene derechos cívicos completos. Nuestra permanencia en la tierra sólo es 910 temporal.

Nuestro hogar está en el cielo (Heb. 11: 13, 14).

No encubras.

Como el salmista está en un país extraño, necesita un mapa para guiarse; y lo encuentra en los mandamientos de Dios.

20.

Quebrantada está mi alma.

David estaba poseído de un intenso anhelo de comprender mejor los juicios de Dios. El Señor se deleita en satisfacer ese deseo (Mat. 5: 6).

21.

Reprendiste a los soberbios.

Los orgullosos son autosuficientes y se niegan a andar en el camino de los mandamientos de Dios. Los humildes saben que “el hombre no es señor de su camino” (Jer. 10: 23), y reconocen su necesidad del auxilio divino para no descarriarse.

23.

Príncipes.

Ver com. vers. 161.

24.

Consejeros.

En vez de seguir los consejos de los “príncipes” ” (vers. 23) que hablaban contra él, el salmista prefirió dejarse guiar por las normas de la voluntad revelada de Dios.

25.

Abatida hasta el polvo.

Figura que representa una angustia profunda (ver Sal. 22: 29; 44: 25).

Vivifícame.

“Hazme vivir” (BJ) o, hazme revivir.

26.

Te he manifestado.

El salmista había presentado ante Dios los secretos de su vida.

27.

Entender.

David anhelaba comprender más profundamente los preceptos de Dios para no obedecerlos a ciegas. Quería captar inteligentemente el amplio alcance de sus requisitos.

28.

Se deshace.

Heb. dalaf, verbo que aparece sólo tres veces en el AT. En Ecl. 10: 18 se traduce ” “llueve” ; en Job 16: 20, “derramaré mis lágrimas”. La LXX y la Vulgata traducen “adormecer”. “Adormecióse mi alma de hastío” (Scio de San Miguel, París, 1847).

Es mejor deshacerse de pena que endurecerse por la terquedad. El Señor se deleita en sanar las heridas del alma quebrantada. La oración es una bendición maravillosa en momentos de tristeza.

29.

Camino de la mentira.

El que verdaderamente ha nacido de Dios se aparta de toda mentira y “habla verdad en su corazón” ” (Sal. 15: 2).

30.

Escogí.

El salmista escogió el camino de la fidelidad y de la verdad en vez del “camino de la mentira” ” (vers. 29). Hay sólo dos caminos: el de la vida y el de la muerte. Cada Individuo debe hacer su propia elección, y de esta depende su destino eterno.

31.

Me he apegado.

Heb. dabaq, “adherirse”, “juntarse”. David no era inconstante en su elección; tenía la firme determinación de permanecer fiel.

32.

Cuando ensanches mi corazón.

Quizá en el sentido de quitar las restricciones impuestas por la preocupación y los temores depresivos. Los que son víctimas de la duda y ansiedad no pueden gozar plenamente de las bendiciones del cielo.

33.

Enséñame.

Heb. yarah, “instruir”, “enseñar”. El sustantivo torah (ley) deriva de este verbo (ver com. vers. 1). No hay otro maestro como Dios (ver Job 36: 22).

Lo guardaré.

Un voto de constancia en la experiencia religiosa (cf. Mat. 24: 13; Fil. 1: 6).

34.

Dame entendimiento.

Ver com. Prov. 1: 1,20.

De todo corazón.

Ver com. vers. 2.

35.

Tengo mi voluntad.

“Mi complacencia tengo en ella” (BJ). Ver com. Sal. 40: 8.

36.

Avaricia.

Heb. betsa’ , “ganancia” Juec. (5:19); ” “provecho” (Job 22: 3); “codicia” (Prov. 1: 19; etc.). La obediencia a los mandamientos de Dios impide que el creyente caiga presa del deseo exagerado de obtener ganancias (ver Col. 3: 5).

37.

Que no vean la vanidad.

Difícilmente puede uno codiciar lo que no ve.

38.

Confirma tu palabra.

Esto es, haz tu Palabra segura para mí y que yo confíe en ella. Cuanto más se estudia la Palabra de Dios, tanto más se está seguro de su veracidad y permanencia (ver com. Sal. 19: 9; Prov. 1: 7).

Te teme.

Cuando la Palabra de Dios se arraiga en el corazón, se manifiesta en la vida reverencia hacia Dios. Los que tienen el temor de Dios se libran de otros temores.

39.

El oprobio.

Posiblemente ésta sea una referencia al ridículo al cual el salmista, según creía, sería sometido si no vivía a la altura de su profesión. También podría referirse al desagrado de Dios por su descarrío. Sin embargo, el verbo “temer” (Heb. yagar ) de este versículo es muy diferente del temor piadoso (Heb. yir’ah , “santa reverencia”) a que se refiere el salmista en el vers. 38.

Buenos.

Los juicios o decretos de Dios son buenos, y no debieran desacreditarse por causa de los extravíos de quienes pretenden regirse por dichos juicios.

40.

Vivifícame.

El salmista necesitaba un renovado poder para hacer frente a nuevas emergencias, por lo que pedía una fuerza vivificadora (vers. 37).

En tu justicia.

Los que están revestidos con la justicia de Cristo están aliados con el cielo. Constantemente se les conferirá poder físico y mental (DTG 767).

41.

Misericordia.

Heb. jésed , “amor divino” (ver la Nota Adicional del Sal. 36). La suprema evidencia de que Dios nos ama se encuentra en la entrega de su Hijo para la salvación de la raza humana (1 Juan 4: 9, 10). Si no fuera por el misericordioso amor de Dios, nadie podría salvarse.

Conforme a tu dicho.

En la Palabra de Dios se presenta tan claramente el camino de la salvación, que no hay razón para confundirse. “Dios ha hablado en un lenguaje sencillísimo en cuanto a todos los temas que atañen a la salvación del alma” (EGW RH, 5-2-1901). Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, las Escrituras constituyen un comentario de la forma en que actúan el amor y la misericordia de Dios para conducir a los pecadores a la salvación.

42.

Daré por respuesta.

Cf. 1 Ped. 3: 15. Un cristiano victorioso es el mejor argumento en favor de la verdadera piedad (ver OE 128).

43.

No quites.

Este versículo parece relacionarse con el vers. 42. Si se entiende así, el salmista ruega que al hablar en defensa de su fe pueda hacerlo con libertad y de una manera que concuerde con su elevada profesión.

45.

En libertad.

Literalmente, “en un lugar amplio”. En la obediencia de la ley de Dios no hay restricción ni estrechez. Con razón se ha dicho que la obediencia a la ley es libertad. No hay esclavitud en la verdadera santidad (ver com. Prov. 3:1); pero para el inconverso, la presencia de Dios aparece como un constante freno, y el carácter de Dios como una expresión restrictiva del Decálogo.

46.

Delante de los reyes.

El que vive en compañía del Rey de reyes no necesita temer la presencia de un rey terrenal. Compárese con las vicisitudes de Daniel (Dan. 5: 17), Nehemías (Neh. 2: 1-7) y Pablo (Hech. 26: 27).

47.

Me regocijaré.

Ver com. Sal. 40: 8. Muchas veces la gente piensa que las órdenes son enemigas de la dicha; pero no ocurre así con los mandamientos de Dios, quien, por medio de ellos, nos hace saber qué conviene para nuestro bien supremo.

48.

Alzaré.

PosibIemente una referencia a la acción de levantar las manos en oración (ver Sal. 28: 2).

49.

Me has hecho esperar.

Las palabras de Dios son un cimiento firme sobre el cual uno puede sobreedificar su esperanza (ver Mat. 7: 24-27). El Señor no sólo nos ha dado su bendita Palabra; también ha infundido fe en ella.

50.

Porque tu dicho me ha vivificado.

La Palabra de Dios es motivo de consuelo en todo momento de prueba. En ella hallarán recursos inagotables los que necesitan consolación; y aunque el consuelo divino no quite la aflicción, el alma se remontará por encima de su angustia.

51.

Los soberbios.

Heb. zed , “presuntuosos”, “arrogantes”. Esos incrédulos ridiculizaban la fe del salmista, pero éste rehusó desviarse de su obediencia a la ley de Dios. Los impíos se deleitan en burlarse de los justos; pero la burla, lejos de desanimar a éstos, debería fortalecer su resolución de obedecer los mandamientos de Dios.

52.

Antiguos.

Heb. “desde lo antiguo”. ‘Olam, voz que indica un tiempo largo pero no necesariamente perpetuidad (ver com. Exo. 12: 14; 21: 6).

Me consolé.

El recuerdo del trato de Dios con sus santos en tiempos pasados es fuente de inagotable solaz y de constante consuelo. Es apropiado que de vez en cuando repasemos la forma providencial en que el Señor nos ha guiado. Esto nos infundirá ánimo para el presente y esperanza para el futuro.

53.

Horror.

Heb. zal’afah , “indignación”, “furor”. El salmista se indignaba al pensar en los impíos que no observaban la ley de Dios. Se maravillaba de que otros pudieran ser tan descuidados e indiferentes. No parecía causarle tanta preocupación o alarma el hecho de que los impíos se burlaran de él, como que abandonaran la ley de Dios, pues esto último acabaría por destruirlos.

54.

Fui extranjero.

Los cantos del peregrino animan al solitario viajero (ver Ed 162, 163). El salmista había compuesto muchos de esos himnos y se deleitaba en cantarlos. Somos peregrinos en este mundo. Nuestro verdadero hogar está en el cielo, y desde ahora podemos cantar los cánticos de ese hermoso reino. El tema de nuestros cánticos debiera ser el del salmista: el maravilloso carácter de Dios, tal como se revela en su ley.

55.

En la noche.

Las horas de insomnio pueden ser de provecho si se las dedica a la meditación de Dios y en su ley. En cuanto a la importancia de la meditación, ver com. vers. 15.

56.

Estas bendiciones tuve.

Heb. “esto fue para mí”, o sea, “esto me vino”, “esto me aconteció”. El salmista había recibido consuelo, ánimo, poder para cantar y esperanza porque obedecía los preceptos divinos. Todas estas bendiciones son fruto de la obediencia.

57.

Mi porción.

Cf. Sal. 16: 5; 73: 26. Dios es la mejor posesión del cristiano.

58.

Tu presencia supliqué.

Cf. Sal. 45: 12.

59.

Consideré mis caminos.

El autoexamen es esencial para el crecimiento cristiano. La formación de un carácter cristiano noble no es fácil. Debemos criticarnos detenidamente, sin permitir que un solo rasgo desfavorable quede sin corregir (ver PVGM 266). La razón por la cual muchos caen tan fácilmente en la tentación es porque no se preocupan ni se lamentan por sus pecados.

60.

Me apresuré.

En vista de su pasado, el salmista (vers. 59) se apresuró a dejar su propio camino errado para andar por el camino de justicia. Cuando la convicción se apodera de nosotros, hacemos bien en obedecer prontamente. La demora es peligrosa. La postergación nos roba no sólo el tiempo sino también la eternidad.

61.

Me han rodeado.

Los impíos estaban confabulados contra el salmista, y lo habían rodeado, de modo que no parecía haber escape posible. Sin embargo, no podían separarlo de Dios ni apartar a éste de él. Su seguridad de que había sido fiel a la ley le inspiraba ánimo a pesar de sus enemigos.

62.

A medianoche.

Mientras otros dormían y todo estaba en quietud, dedicaba las horas de la noche a la alabanza y la devoción (ver com. vers. 55).

63.

Compañero.

Los que aman a Dios encuentran sus amigos más queridos en el pueblo de Dios. Lo que es similar se atrae, y se conoce a la gente por sus amistades.

64.

Está llena la tierra.

No hay lugar alguno donde no se encuentre la misericordia de Dios. Podemos estar desterrados, pero ningún poder es capaz de alejarnos del amante cuidado de Dios.

65.

Bien has hecho.

Mientras repasa su vida, el salmista reconoce que Dios ha sido bueno con él. Aunque ha pasado por algunas vicisitudes, el Señor siempre ha estado a su lado.

66.

Buen sentido.

David deseaba poseer discernimiento moral agudo y buen gusto en todas las cosas. Estas cualidades son dones del Espíritu que se conceden a los que procuran vivir en armonía con la voluntad revelada de Dios.

67.

Humillado.

Muchas de nuestras mejores lecciones espirituales y más preciosas experiencias se encuentran en el valle de la aflicción.

Descarriado andaba.

El sufrimiento del salmista lo había llevado de nuevo al camino recto (ver com. Sal. 38: 3).

68.

Bueno.

Aun en la aflicción se puede discernir la bondad de Dios. Las quejas impacientes son pecaminosas e irrazonables (ver 5T 313, 314).

69.

Forjaron.

Heb. “ensuciar”, “difamar”, “pintar”.

70.

Se engrosó el corazón.

Quizá sirva esta descripción para afirmar que los impíos son insensibles ante los elevados aspectos de la vida espiritual. Mientras que otros se complacían en placeres sensuales, el salmista hallaba su deleite en meditar en la ley.

71.

Bueno me es haber sido humillado.

Muchas veces la aflicción se origina en los impíos, pero Dios la encauza para bien (ver com. Sal. 38: 3). Aunque parezca difícil sobrellevar la tristeza y el sufrimiento, las lecciones que tales experiencias nos enseñan son invalorables para el desarrollo del carácter cristiano.

72.

Oro y plata.

El valor del dinero no puede compararse con el de la verdad. Las posesiones terrenales muchas veces desaparecen, pero nadie puede privarnos de las bendiciones que proporciona la obediencia a la ley de Dios.

73.

Me formaron.

“Me establecieron” (cf. Deut. 32: 6). Así como Dios le había dado el cuerpo, David pedía que también le perfeccionara el entendimiento espiritual.

74.

Se alegrarán.

Los justos se regocijarían cuando vieran la maravillosa transformación que Dios había realizado en el salmista. Los que irradian esperanza son fuente de gozo para otros.

75.

Justos.

Todas las leyes de Dios concuerdan perfectamente con la norma de justicia.

Fidelidad.

Dios es fiel. El canaliza la aflicción para sus propósitos de misericordia (ver Lam. 3: 33). Nunca nos pide que soportemos más de lo que podemos llevar (ver 1 Cor. 10: 13).

76.

Consolarme.

Ver com. vers. 50.

77.

Viva.

Ver Hech. 17: 28.

78.

Soberbios.

Heb. zed (ver com. vers. 5 1).

80.

Integro.

Heb. tamim, “completo”, “sin tacha” (ver com. vers. 1). Un corazón intachable es más importante que la alta estima de los amigos. Una experiencia “completa” sólo se consigue mediante la unión con Cristo, quien proporciona el poder que nos capacita para la obediencia (Rom. 8: 1-4). Sólo las personas cuyo corazón haya sido purificado podrán estar en pie en las pruebas de los últimos días (ver CS 677). La apariencia externa de fe de nada valdrá sin la presencia del Espíritu de Cristo.

81.

Desfallece.

Heb. kalah , “acabarse”. Cuando se emplea este verbo con el vocablo “alma”, la expresión significa “consumirse de deseo”.

82.

Desfallecieron.

Heb. kalah (ver com. vers. 81). Los ojos también se consumen de deseo, pues la tan anhelada esperanza no se cumple.

83.

Odre.

David se compara con una vasija de cuero, reseca por el calor y ahumada.

84.

¿Cuántos?

Cf. Sal. 90: 10, 12.

85.

Hoyos.

Una figura. Se refiere a los hoyos que cavaban los cazadores para atrapar su presa. El enemigo trataba por todos los medios posibles de aprisionar a David (ver Jer. 18: 20, 22).

86.

Verdad.

El hebreo emplea el mismo vocablo que se traduce “fidelidad” ” en el vers. 75. Los mandamientos de Dios son un reflejo de su carácter (ver com. vers. 75).

87.

Casi me han echado por tierra.

El salmista decidió que nada que los demás pudieran hacerle lo apartaría de su propósito de obedecer los santos preceptos de Dios. El Altísimo honra a quien está dispuesto a morir antes que a desviarse del buen camino.

89.

Permanece.

La Palabra de Dios es permanente, inmutable. Está muy por encima de los accidentes de la casualidad y permanece tanto en el cielo como en la tierra. Lo que el hombre enseña respecto a la Palabra podrá cambiar, pero la Palabra misma permanece inconmovible.

90.

Subsiste.

La constancia de la naturaleza puede ser considerada como una garantía de la fidelidad de Dios en su trato con sus hijos. Dios es fiel a sus promesas en todo tiempo y en todo lugar.

91.

Ordenación.

Heb. mishpat “juicio”, “decisión” (ver com. vers. 7). El cielo y la tierra obedecen los decretos de su Creador. Desde el animal más poderoso hasta el más diminuto insecto, desde la estrella más gigantesca hasta el pequeñísimo átomo, todos obedecen al Dios omnipotente (3JT 259, 260).

92.

Hubiera perecido.

Cuando Dios se reveló a David éste recibió nueva esperanza y renovado ánimo que vivificaron su espíritu desfalleciente. La misma palabra que preserva los cielos y la tierra también conservará y sustentará al pueblo de Dios en el tiempo de su mayor prueba y más profunda angustia.

93.

Nunca jamás me olvidaré.

Una vez que experimentamos el poder vivificador de la Palabra de Dios, nunca debiéramos retroceder en nuestra experiencia. El olvido de las providencias divinas nos desanima, y desagrada a Dios. “No tenemos nada que temer del futuro, a menos que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido, y lo que nos ha enseñado en nuestra historia pasada” (NB 216).

94.

Tuyo soy.

Cf. 1 Juan 3: 1.

95.

Consideraré.

El poder de la Palabra capacitaba al salmista para salir victorioso de todas las trampas de sus enemigos. Si Satanás no puede distraernos ni hacer que dejemos de pensar y meditar en las Sagradas Escrituras, no tendrá éxito en su guerra contra nosotros.

96.

Perfección.

Heb. tiklah . Voz que sólo aparece aquí, y por lo tanto su sentido exacto es difícil de captar. Deriva del verbo kalah , “acabar”, “completar”, “terminar”, por lo cual podría significar “límite”. La LXX dice péras, que significa exactamente esto. Sin duda el salmista veía que todo lo humano tiene límites, y por contraste, la revelación de Dios aparecía como insondable.

Amplio sobremanera.

Los tesoros que pueden encontrarse en la contemplación de las grandes verdades contenidas en la ley de Dios son inagotables. Son como una fuente perenne. El mandamiento es una perfecta representación de la santidad divina, y nos lleva a admitir nuestra imperfección cuando nos juzgamos conforme a sus excelsas normas.

97.

¡Cuánto amo!

Podemos leer la ley de Dios, oírla, hablar de ella y hasta predicarla; pero si no amamos sus preceptos, de nada nos aprovechará. La ley y el amor están íntimamente relacionados. “El cumplimiento de la ley es amor” ” (Rom. 13: 10). La ley de Dios sólo puede ser verdaderamente reverenciada y obedecida por un corazón donde mora el amor.

98.

Más sabio.

Es verdaderamente sabio el que dirige su vida de acuerdo con los preceptos divinos. El que aprende de Dios tiene una sabiduría práctica con la cual no podrá competir ningún enemigo de la verdad (ver Ed 120; CW 175).

100.

Los viejos.

Los que se dedican con diligencia al estudio de la Palabra de Dios tienen más verdadero conocimiento que el anciano filósofo que no se ha inclinado para beber de la fuente de la verdadera sabiduría (ver com. vers. 98).

101.

Contuve mis pies.

David procuraba evitar todo lo que estorbara su progreso espiritual. Las sendas del pecado pueden ser suaves y floridas, pero los que se engañan con su atracción abandonan la Palabra de Dios.

103.

Dulces.

El salmista no sólo había escuchado las palabras de Dios; también se había alimentado de ellas. Le eran más dulces que la miel (ver Sal. 19: 10).

104.

Inteligencia.

La persona que es de veras inteligente, detesta el pecado y la falsedad, y ama la justicia y la verdad.

105.

Lámpara.

La Palabra de Dios ilumina el camino para que los creyentes puedan caminar seguros en las tinieblas espirituales de este mundo. El que tiene esta luz para que lo guíe, no tiene razón para tropezar, aunque esté acosado por el mal (ver 2 Pedro 1: 19)

106.

Guardaré.

El salmista prometió obedecer la ley y manifestó cuidadoso esmero en el cumplimiento de esta promesa. Del mismo modo, deberíamos hacer todo lo posible para cooperar con Dios y cumplir toda buena resolución que hagamos.

107.

Afligido.

El servir a Dios no garantiza ausencia de dificultades o sufrimiento (Fil. 1: 29). Las pruebas ayudan a desarrollar caracteres nobles.

108.

De mi boca.

Sin duda se refiere a ofrendas de gratitud y a la oración. El autor pide al Señor que acepte estas ofrendas que voluntariamente le ofrece. El Señor se deleita en las ofrendas voluntarias.

109.

En peligro.

El hebreo dice “Mi vida está continuamente en mis manos”, figura que representa peligro (ver 1 Sam. 19: 5). El salmista expresa su resolución de no desviarse para buscar seguridad en el pecado y así olvidar la ley. Arriesgaría su vida si fuera necesario, por causa de la ley.

112.

Mi escondedero.

Cuando nos acosa la tentación podemos hallar nuestro refugio en Dios. Cada vez que el enemigo nos lance sus dardos, podremos detenerlos con el “escudo de la fe” (Efe. 6: 16). Cuando nos aflijan la tristeza y el desánimo, siempre podremos encontrar esperanza en la Palabra de Dios.

115.

Apartaos de mí.

Ver 1 Cor. 5: 9; 2 Tes. 3:14. David anhelaba apartarse de los impíos, porque la compañía de ellos impediría su crecimiento espiritual. Es bueno cultivar la amistad de personas cuya influencia nos eleva a un más alto nivel espiritual.

116.

Viviré.

El salmista sentía que dependía de tal modo del poder sustentador de Dios, que no podría vivir sin él.

No quede yo avergonzado.

Nunca debemos avergonzarnos de nuestra esperanza, porque descansa sobre el firme cimiento de la Palabra de Dios (Rom. 5: 5; Fil. 1: 20; 1 Juan 2: 28).

117.

Siempre.

La capacidad de perseverar hasta el fin procede del poder divino (Judas 24).

118.

Hollaste.

O, “rechazaste”, “tiraste a un lado”. Los impíos se autodestruyen por su elección (ver 5T 120; cf. Ose. 13: 9). No tienen ningún deseo de caminar con Dios, y éste no tiene más alternativa que destruirlos.

119.

Como escorias.

La escoria está ahora junto con el metal precioso, pero pronto vendrá el día de la separación, cuando el Refinador realizará su obra de purificación (Mal. 3: 3; cf. Mat. 13: 30).

120.

Tengo miedo.

Ver com. Sal. 19: 9; Prov. 1:7.

121.

Juicio y justicia.

David tenía la conciencia limpia respecto a las supuestas faltas de que se lo acusaba. Se había esforzado por ser justo en su trato con sus prójimos; había hecho lo mejor posible, y esperaba confiado que el Señor contestaría su oración. Recurría al gran juez para que lo liberara de la injusticia de sus opresores.

122.

Afianza.

Cf. Gén. 43: 9.

123.

La palabra de tu justicia.

El salmista anhelaba escuchar el justo juicio de Dios acerca de su caso. Sus enemigos lo habían calumniado y difamado, pero sabía que Dios daría un justo fallo en cuanto a él.

125.

Tu siervo.

El salmista se deleitaba en llamarse ” “siervo” ” de Dios (Sal. 19: 11, 13; 27: 9; 69: 17; etc.).

126.

De actuar.

Los impíos se han sumido de tal modo en la desobediencia, que David piensa que el Señor debe intervenir sin demora para castigarlos. Sin embargo, Dios es paciente y lento para destruir. Anhela que todos se arrepientan y se aparten de sus malos caminos (Eze. 33: 11; 2Ped. 3: 9).

127.

Más que el oro.

Las más preciadas posesiones terrenales no pueden compararse con los tesoros de la Palabra de Dios.

128.

Todo camino de mentira.

El amor a la verdad va acompañado del odio a la mentira. La verdad y la mentira se excluyen mutuamente. El mismo hecho de que amemos la verdad nos obliga a odiar el error. “Cuando estamos revestidos con la justicia de Cristo no sentimos ninguna inclinación al pecado” (EGW RH 18- 3-1890).

129.

Maravillosos.

Heb. pela’oth . Se emplea con frecuencia para describir la revelación del poder divino en obras milagrosas (Exo. 15: 11; Sal. 77: 11, 14). Las palabras de Dios están estrechamente ligadas con sus actos.

130.

Los simples.

Ver com. Sal. 19: 7. Los que necesitan instrucción y perciben su carencia de ella, reciben discernimiento mediante el estudio de la Palabra (ver com. Prov. 1: 4).

132.

Como acostumbras.

Heb. “de acuerdo al [buen] juicio”, posiblemente para significar: “de acuerdo con el derecho de [los que aman tu nombre]”. Los que aman el nombre de Dios tienen derecho de hacerle pedidos. El Señor se complace cuando le presentamos nuestras peticiones y nos aferramos a sus promesas.

134.

Violencia.

David sabía por experiencia propia lo que eran la violencia y la opresión. Durante su juventud había experimentado muchas pruebas y dificultades. Pedía ser liberado de todo lo que le impidiera observar los preceptos de Dios.

135.

Que tu rostro resplandezca.

Ver com. Núm. 6: 25. El que posea la bendición de vislumbrar la gloria del rostro de Dios, será elevado por encima de la oscuridad y tristeza terrenales (ver 2 Cor. 3: 18).

136.

Ríos de agua.

Una hipérbole para indicar abundante llanto. La indignación de David (vers. 118, 119) a causa de los pecados de los impíos se trocó en lástima y conmiseración por ellos a causa de la ceguera que les impedía ver su condición.

138.

Has recomendado.

Una autoridad divina ha redactado los testimonios, y éstos llevan el sello de su Autor. El ser humano no tiene derecho a poner en duda estos mandamientos regios. Son rectos y fieles como el Señor los proclamó.

139.

Mi celo me ha consumido.

Ver com. Sal. 69:9.

140.

Sumamente pura.

Literalmente, “refinada en gran manera”. No hay mezcla alguna de error en la Palabra de Dios.

141.

Pequeño.

David estaba dispuesto a subestimarse. Los grandes hombres nunca son grandes ante sus propios ojos.

142.

Verdad.

La ley de Dios no sólo es verdadera: es la verdad misma; no sólo contiene la verdad, sino que en esencia, es la verdad. Los que obedecen esta ley andan en la verdad, pero los que la desobedecen viven en el error y la falsedad.

143.

Mi delicia.

El gozo del salmista no dependía de las circunstancias externas, sino de la paz interior que deriva del estudio de la Palabra de Dios.

144.

Eterna.

Los legisladores humanos mudan sus leyes para adaptarse a las exigencias de turno; pero la ley de Dios es inmutable.

Dame entendimiento.

Sólo cuando una persona vive en armonía con la ley divina podrá comprender verdaderamente el propósito de su propia existencia (ver Juan 7: 17).

145.

Todo mi corazón.

La ferviente plegaria de David emanaba de un anhelo que consumía todo su ser (ver 4T 534). Las oraciones que provienen del corazón llegan al cielo, mientras que el servicio de labios de nada vale.

147.

Me anticipé al alba.

Antes del amanecer el salmista dirigía a Dios su ruego en procura de socorro (cf. Mar. 1: 35).

148.

Las vigilias.

La noche se dividía en tres vigilias (Lam. 2: 19; ver com. Juec. 7: 19; 1 Sam. 11: 11). El salmista se comparaba con un centinela que cumplía las vigilias. Al despertar, antes de la hora de iniciar su labor, meditaba en la Palabra de Dios.

149.

Conforme a.

Deberíamos pedir que Dios responda nuestras oraciones conforme a su omnisapiente providencia y no según nuestros deseos.

151.

Cercano.

Una antítesis: los impíos se acercaron sus tentaciones (vers. 150). Dios también se acerca, pero para socorrer.

153.

Mira mi aflicción.

David estaba pasando por pruebas difíciles y pedía socorro a Dios. Ningún afligido que clame al Señor es defraudado. Posiblemente Dios no conceda la liberación según se pide, porque tal vez no es lo más conveniente; pero proporcionará ánimo y fe para soportar la prueba (ver 2 Cor. 12: 7-9).

154.

Defiende mi causa.

El salmista y sus enemigos, como litigantes, se representan frente a un tribunal. David pide a Dios que sea su abogado y lo defienda.

155.

Lejos está de los impíos.

Cada paso que el pecador da por el camino del mal lo aleja más de la gracia salvadora de Dios. Si no cambia su curso, finalmente llega al punto en donde ya no lo alcanza la misericordia (ver 5T 119,120).

156.

Misericordias.

O “compasiones”.

158.

Me disgustaba.

Heb. qut , “sentir repugnancia”. Al observar la conducta de los impíos, el salmista sentía repulsión por el proceder de ellos.

160.

La suma.

Heb. ro’sh, literalmente significa “cabeza”, pero también tiene la acepción de “suma” , “conjunto” (ver Sal. 139: 17).

161.

Príncipes.

Cf. vers. 23. Las personas que deberían haber simpatizado con David se encontraban entre sus más acérrimos opositores. Se nombraba a esos dignatarios reales para vindicar a los oprimidos y proteger a los desvalidos; pero, en vez de cumplir su misión, se dedicaban a vejar a los justos.

162.

Muchos despojos.

Cf. Isa. 9: 3.

164.

Siete veces.

El número siete es símbolo de perfección, plenitud. La alabanza ofrecida a Dios por el salmista no dependía de sus sentimientos ni de las circunstancias. Tanto en la prueba y la tristeza como en el gozo, su voz se elevaba en himnos de alabanza.

165.

Mucha paz.

Aunque en derredor haya lucha y tumulto, el que ama la ley de Dios tiene paz en el corazón. No hay para ellos tropiezo. Los que aman la ley no tienen ocasión de tropezar. Caminan con paso firme y constante por el sendero recto de la ley de Dios, y no se desvían por las sendas del pecado.

166.

He esperado.

David depositaba su esperanza en Dios. Sólo en él buscaba salvación. Hacía esfuerzos intensos para obedecer los mandamientos.

168.

Delante de ti.

No hay nada oculto a la vista de Dios (Heb. 4: 13; Ecle. 12: 14). Es gran fuente de consuelo tener la certeza de que, aunque no nos comprendan nuestros semejantes, Dios conoce nuestros caminos.

170.

Oración.

Heb. tejinnah, “pedido de un favor”.

171.

Rebosarán.

Heb. naba’ , “bullir”, “borbotear”, “rebosar”. El salmista desea que de su vida y de sus labios siempre emanen cánticos de grata alabanza.

172.

Justicia.

Los mandamientos no sólo son justos, sino que son la esencia misma de la justicia. La ley “es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” ” (Rom. 7: 12). Esta ley es una transcripción del carácter santo y justo de Dios. Debiéramos amoldar nuestra vida de acuerdo con sus instrucciones.

173.

He escogido.

La humanidad ha recibido de Dios libre albedrío (ver Deut. 30: 19). Felices los que, como David, adoptan voluntariamente los preceptos de Dios como su guía.

175.

Te alabe.

David ruega a Dios que le dé una larga vida, no para satisfacer deseos egoístas, sino para dar testimonio del amor de Dios.

176.

Oveja extraviada.

Cf. Isa. 53: 6. Cuando una oveja se extravía del redil, rara vez puede regresar sin ayuda. Como todos nosotros, el salmista había vagado por caminos prohibidos; pero el Señor lo buscó y lo trajo de regreso.

Busca a tu siervo.

El buen pastor no regresa de su búsqueda con las manos vacías. El camino puede ser largo y difícil, el sendero áspero y espinoso; pero el pastor persevera hasta encontrar su oveja perdida (Mat. 18: 12-14; Luc. 15: 4-7).

Livro “Os Dez Mandamentos”

Conclui [em 2015] o livro “Os Dez Mandamentos”, do escritor Loron Wade, alguns trechos a destacar:

2007-10-mandamentos-1-638

  1. “A ideia da intercessão por parte dos santos mortos viola claramente o segundo mandamento, porque se baseia no conceito pagão de um Deus limitado que dificilmente possa ser convencido a nos auxiliar.” (p. 23)
  2. “Tomar o nome de Deus em vão é dizer que somos filho ou filha de Deus e continuar com a mesma vida de antes.” (p. 30)
  3. “Também representamos mal a Deus quando usamos o sagrado nome de maneira leviana e frívola ou o empregamos em expressões vulgares e obscenas. Quando fazemos isso, dizemos a todos que o nome de Deus mão é santo…” (p. 31)
  4. “… o sábado é o complemento e a garantia dos primeiros três mandamentos, que nos ordenam adorar a Deus e dar-Lhe o primeiro lugar em nossa vida.” (p. 36)
  5. “Deus planejou e criou a união sexual para que fosse um poderoso instrumento de identificação e união. Dizendo com outras palavras, o sexo é o ‘superbonder’ da alma. […] … Deus planejou o aspecto físico do ato sexual como parte da intimidade total do coração e da mente, que é o casamento.” (p. 65)
  6. “Deus designou que o trabalho fosse uma bênção para aliviar o estresse e acrescentar anos à vida, boa saúde ao corpo e paz à mente.” (p. 76)
  7. “… a verdadeira religião não se concentra em regras, mas num relacionamento. E encontra o seu centro não em nós mesmos e nosso comportamento, mas em Deus e Seu amor eterno. Assim, em vez de ser uma escada pela qual laboriosamente subismos, esperando um dia entrar no Céu, os Dez Mandamentos se tornam, como Deus pretendia que fossem, santos princípios designados para nos auxiliar a evitar erros insensatos e um sofrimento sem fim. Ele são verdadeiramente a ‘lei da liberdade’ (Tiago 2:12).” (p. 95)

Salmos 19 – Comentários selecionados

Salmos 19
CBA

“La naturaleza y la revelación a una dan testimonio del amor de Dios” (CC 9). Esta declaración bien podría resumir el Sal. 19. Sin duda este salmo es el más conocido y el más popular de los salmos referentes a la naturaleza. Es una meditación de agradecimiento acerca de la revelación que Dios hace de sí mismo en el mundo natural y en su ley. En los primeros seis versículos David (ver 1JT 442) habla de la gloria de Dios que puede verse en sus obras creadas. En los vers. 7-10 discurre en cuanto a la gloria de Dios manifestada en la ley. En los vers. 11-13 considera la relación existente entre estas verdades y el carácter y la conducta. En el vers. 14 ruega que Dios lo mantenga libre de pecado. Casi podría uno imaginarse al autor, bajo el amplio cielo del amanecer, alabando a Jehová con los excelsos versos de este salmo. Posiblemente el filósofo Kant pensaba en el Sal. 19 cuando escribió: “Hay dos cosas que me llenan el alma de santa reverencia y maravilla siempre creciente: el espectáculo de los ciclos estrellados que virtualmente nos aniquilan como seres físicos, y la ley moral que nos eleva como seres inteligentes a una dignidad infinita”. Haydn usó los primeros versículos de este salmo como tema de la letra del coro “Los cielos cuentan”, del gran oratorio La Creación.

Con referencia al sobrescrito, ver págs. 622, 633.

1.

Cielos.

Los cielos que podemos contemplar, la región donde están el sol, la luna y las estrellas (ver Gén. 1:1, 8, 9, 14, 16, 17, 20).

Gloria.

La sabiduría, el poder, la habilidad, la benevolencia: todo cuanto constituye

la gloria de Dios. Basta mirar el cielo a simple vista para que uno se impresione con la sensación de la gloria de Dios. ¡Cuánto mayor es esa revelación cuando se estudian los cielos a través de los modernos y potentísimos telescopios!

Dios.

Heb. ‘El (ver t. I, pág. 180).

Firmamento.

Heb. raqía’ (ver com. Gén. 1: 6). El término “firmamento” viene del latín firmamentum , el cual se usa en la Vulgata para traducir el vocablo hebreo raqía’. En realidad, firmamentum, que significa “apoyo”, corresponde con la voz griega steréÇma (que se usa en la LXX en lugar de raqía’ ), la cual significa “firmeza”, “construcción sólida”. Esta traducción podría referirse a los cielos, porque los antiguos concebían que éstos eran algo así como una semiesfera, sólida y cóncava. El esplendor y el orden que despliega el firmamento refutan la teoría de la evolución. No son el resultado de la casualidad, sino obra de Dios. Su belleza y exactitud confirman la existencia del Creador. Por medio de los cielos aun los paganos pueden discernir al Creador, “de modo que no tienen excusa” (Rom. 1: 19, 20). Por medio de sus obras Dios habla a los que le conocen (DTG 593). Este pensamiento se amplía en los vers. 2-4.

2.

Un día … a otro día.

Cada día cuenta al siguiente el relato del poder de Dios. Impresiona la ininterrumpida continuación de este testimonio. Prosigue sin pausa ni cambio la maravillosa historia.

Emite.

Literalmente, “hace brotar” o “hace bullir”.

Una noche a otra noche.

En la segunda parte del paralelismo de este versículo se destaca la idea de interminable continuidad. Con referencia a las órbitas del cielo nocturno, ver com. Sal. 8: 3.

3.

No hay lenguaje.

A pesar de que los cielos tienen un idioma propio (ver vers. 1, 2), su voz no es físicamente audible. La belleza del cielo no habla al oído, sino al corazón que está dispuesto a comprender.

4.

Su voz.

Heb. qaw , “cinta para medir”, que se usa para determinar los límites de las propiedades. La LXX traduce fthóggos, “ruido” , ” “sonido”.” Quizá los traductores entendieron qol en vez de qaw . La traducción de la RVR se basa en la LXX. Si se acepta el sentido del hebreo, “cinta” , ” “hilo” (RVA), aquélla sólo indicaría la extensión mundial del mensaje de la creación divina; si se considera que el original debiera leerse “voz” ( qol ), en el paralelismo que parecen sugerir “voz” y “palabras”, se destacaría entonces la voz inarticulada, pero claramente comprensible del vers. 3. “Para el hebreo el mundo parecía estar lleno de la música de una poderosa orquesta, música que era una especie de Te Deum sin palabras, de alabanza al Creador y Conservador de su vida” (Baldwin). Pablo cita parte de este versículo para ilustrar el progreso mundial del Evangelio (Rom. 10:18).

Por.

Heb. be . La misma palabra se traduce “hasta” en la siguiente frase. Posiblemente en ambos casos debiera traducirse “desde”, en armonía con el uso ugarítico (ver págs. 624, 625). Entonces todo el pasaje se traduciría: “Desde toda la tierra salió su voz, y desde el extremo del mundo sus palabras”.

En ellos.

En los cielos.

Tabernáculo.

Heb. ‘óhel , “tienda”. En esta magnífica descripción de los cielos, el salmista presenta al sol no como objeto de adoración, sino como uno de los cuerpos celestes creados por Dios Lo personifica, y hasta lo concibe como un espléndido personaje que pasa el día en la tienda que su Creador le ha preparado. En realidad, la última frase del vers. 4 forma parte del vers. 5. Compárese con Hab. 3:11.

5.

Esposo.

La imagen del sol que sale de su cámara como un esposo, sugiere la mayor vitalidad, el mayor esplendor y la más grande alegría (ver Isa. 61: 10; 62: 5). El sol sale de su cámara (de debajo del horizonte), donde pasa la noche, irrumpe el alba e ilumina su glorioso “tabernáculo”.

Gigante.

Se emplea ahora otra figura. Como “gigante” que entra anhelante en la carrera, el sol se levanta al amanecer para recorrer la Jornada del largo día (ver 1 Cor. 9:24-27).

6.

Su salida.

David no está escribiendo un tratado científico en cuanto al movimiento del sol, sino que describe poéticamente dicho movimiento tal como él lo veía. El versículo procura describir la extensión y plenitud del movimiento del sol desde el amanecer hasta que oscurece.

Nada que se esconda.

Aunque muchas cosas queden ocultas de la luz del sol, su calor (la fuerza vital de la cual la tierra obtiene vida y energía) penetra por doquiera.

7.

La ley de Jehová.

A partir de este versículo, David se aparta de su contemplación de la naturaleza, cuya grandeza revela la permanencia, el propósito y la gloria de Dios, para reflexionar acerca de la más clara revelación de Dios en la ley. Si bien las manifestaciones de la gloria de Dios en los ciclos son hermosas, y el esplendor del sol, de la luna y de las estrellas es magnífico, más hermoso y magnífico aún es el ejemplo de tan carácter formado bajo la influencia de la ley de Dios. “La gloria de Dios se ve más plenamente en un carácter perfectamente armonioso” (Cheyne).

A partir de este versículo se introduce un cambio en la métrica de los versos hebreos, los cuales son más largos que los de los vers. 1-6; y como ocurre en Lamentaciones, cada uno consta de dos partes, la primera más larga que la segunda, así como en la música a un largo crescendo sigue un decrescendo más corto y más rápido. Aunque difícil de verlo en la traducción, he aquí dos ejemplos: “La ley de Jehová es perfecta” (largo), “que convierte el alma” (corto). “El testimonio de Jehová es fiel” (largo), “que hace sabio al sencillo” (corto). En hebreo esto causa una impresión de prisa que casi deja sin aliento, que sólo se detiene en una pausa cuando el poema proclama el gozo y la dulzura de la ley y anuncia el hecho de que la obediencia trae consigo “grande galardón” (vers. 11).

Sería difícil encontrar ejemplos más perfectos de paralelismo hebreo que los que aparecen en los vers. 7-10. Tanto en estructura gramatical como en lógica, las partes de las frases paralelas de los diversos dísticos presentan un notable arreglo. La traducción de la RVR transmite muy bien la hermosura y la disposición de la estructura original hebrea.

El siguiente esquema muestra todo lo que abarca el pensamiento de los vers. 7-10.

Nombre

de la ley Su naturaleza Sus efectos

ley perfecta convierte

testimonio fiel hace sabio

mandamientos rectos alegran

precepto puro alumbra

temor limpio permanece

juicios verdad justos

Nótense los diferentes términos usados para describir los diversos aspectos de la revelación divina, y compárense con Sal. 119. En esencia, los vers. 7-10 aparecen a través de todo el Sal. 119.

El término “ley” corresponde al hebreo torah , que significa “enseñanza” “instrucción”, “conducción” (ver com. Deut. 31: 9; cf. com. Prov. 3: 1). Así como el sol ilumina y da vida a la tierra, así también la ley alumbra y da energía al mundo espiritual. Ver com. Sal. 1: 2.

“Jehová” corresponde con el Heb. Yahweh (ver t. I, págs. 180, 181). En contraste con el título ‘El , que se usa para referirse a Dios en el primer versículo, en el resto del salmo se emplea exclusivamente (siete veces) el nombre divino Yahweh .

Perfecta.

Compárese con Rom. 7: 12.

Convierte.

Del Heb. shub , “volver”, que también puede traducirse “restaurar”, “revivir”. La ley refrigera y vigoriza.

Testimonio.

Heb. ‘eduth , vocablo que se usa con frecuencia para designar el Decálogo (ver Exo. 25: 16, 21, 22). ´ Eduth deriva de ‘ud , “dar testimonio”. La revelación de Dios es el testigo o testimonio de Dios, porque es su propia afirmación respecto de su naturaleza, sus atributos y los mandamientos que de ellos emanan.

Fiel.

Heb. ‘amen , de donde obtenemos la palabra “amén”. ‘Amen significa “ser fiel”, “ser duradero”, “estar firmemente establecido”.

Sencillo.

Heb. pethi , “Joven, inexperto y fácil de seducir”. El espíritu infantil es el primer requisito para adquirir sabiduría (ver Mat. 11: 25).

En el culto que se realiza actualmente en las sinagogas, el lector pronuncia las palabras de Sal. 19: 7, 8 mientras desenrolla la Torah durante el servicio matutino del sábado.

8.

Mandamientos.

Heb. piqqudim , “órdenes”, “preceptos”. El vocablo aparece 24 veces en el AT. En la RVR siempre se lo traduce como “mandamientos” .

Alegran.

Los mandamientos de Dios no son severos. La conciencia limpia engendra alegría.

Precepto.

Heb. mitswah , de tsawah , “mandar”, “ordenar”, “señalar” (ver Deut. 6: 1; 7: 11; Sal. 119: 6, 10, 19, 21, 32, 35, 47, etc.).

Puro.

Término que se emplea para referirse al corazón (Sal. 24: 4; 73: 1), al hombre (Job 11: 4) y al sol (Cant. 6: 10). Así como el sol alumbra la tierra, así también los mandamientos de Dios iluminan la senda del que busca la verdad.

9.

Temor.

Heb. yir’ah , “temor” , “temieron” (Jon. 1: 10), o “reverencia” , “santo temor” (Sal. 2: 11; 5: 7). El uso técnico de yir’ah casi equivale a “servicio” , “adoración” . Hay quienes abandonan “el temor del Omnipotente” ” (Job 6: 14). “El temor de Jehová” puede enseñarse (Sal. 34: 11). Es “enseñanza de sabiduría” (Prov. 15: 33). Los que temen a Dios también respetarán y observarán sus preceptos.

Limpio.

El culto a Dios estaba libre de los ritos impuros, propios de las religiones cananeas.

Juicios.

Reglas de justa administración. Dios ha juzgado y determinado que sus leyes son rectas (ver Exo. 21: 1; Sal. 9: 7, 16; PP 379).

10.

Oro afinado.

Heb. paz , “oro puro”. Se intensifica en esta segunda frase lo que se expresó en cuanto al “oro” en la primera frase. Los seres humanos dan mucho valor al oro, pero las riquezas espirituales que se obtienen observando los preceptos de Dios son muy superiores a la riqueza material.

Miel … que destila del panal.

La miel es una de las sustancias naturales más dulces y un deleite para el paladar. Para el hebreo era símbolo de todo lo agradable al gusto. Aún más dulce son para el alma los mandamientos de Dios. “Gustad y ved que es bueno Jehová” (Sal. 34: 8). Una persona podría hartarse de miel, pero nunca de los gozosos resultados de acatar la voluntad de Dios. Para el salmista, la ley de Dios no era gravosa; no era un yugo.

11.

Tu siervo.

En los vers. 11-14 David aplica las verdades de la primera parte del salmo a su propio carácter y a su propia conducta.

12.

Entender.

O “discernir”.

Errores.

Heb. shegi’oth , voz que sólo aparece aquí. La raíz es shaga’ , que como shagah , significa “errar inadvertidamente”. En vista del gran alcance de las exigencias de la ley de Dios, podemos cometer muchos errores de los cuales no nos damos cuenta. Estos son los errores “ocultos” de la segunda parte del paralelismo (ver Sal. 139: 23, 24). Ellos pueden estar ocultos tanto para el que peca como para quienes lo rodean. El salmista ora en busca de liberación de los errores que le son ocultos (Sal. 19: 12), de “soberbias” (vers. 13) y de los pecados que pueda cometer con palabra o pensamiento (vers. 14). Se ha dicho, que con frecuencia, cuando observamos el pecado en otro, es que nuestro propio pecado latente u oculto nos está irritando.

13.

Soberbias.

Estos son los pecados que se cometen a sabiendas de que estamos obrando mal. Se los distingue de los “errores” o pecados “ocultos”.

No se enseñoreen.

Compárese con Sal. 119: 133; Juan 8: 32, 36; Rom. 6: 14; Gál. 5: 1.

14.

Sean gratos.

El salmo termina con una oración en que el salmista pide a Dios que acepte sus pensamientos y las palabras que ha pronunciado, y al mismo tiempo ruega que cada día pueda tener palabras y pensamientos puros. En un sentido general, esta oración es universal y, como tal, un excelente modelo.

Roca.

Ver com. Sal. 18: 1.

Redentor.

Heb. go’el , “libertador” el pariente que rescata al oprimido (ver com. Rut 2: 20). Dios es mi Redentor y me libra del poder y de la culpa del pecado (ver Sal. 78: 35; Isa. 14; 41: 14; 43; etc.).

Ética cristã e os dez mandamentos

Chegamos, finalmente, na unidade final do nosso curso sobre ética cristã. Até aqui, você foi introduzido a conceitos essenciais para nossa discussão e está apto para definir termos como “moral”, “ética”, “ética teleológica”, “ética deontológica” etc. Além disso, você compreende muito bem o fundamento cristão para o comportamento correto: a vontade de Deus. Nesta última unidade, todos os conceitos acima e outros que estudamos serão colocados em prática! Sim, neste momento, teremos a oportunidade de compreender como o nosso estudo pode ser útil para a resolução de problemas éticos a partir de uma perspectiva cristã. Para cumprir com esse objetivo, iremos estudar o ícone da ética cristã e, sem sombra de dúvidas, o código moral mais influente na sociedade ocidental: o Decálogo (ou seja, os dez mandamentos).

Neste ponto, preliminarmente, é importante esclarecer de maneira mais precisa o que pretendemos fazer, para que o estudante não se perca no meio do caminho e o estudo do Decálogo seja útil à ética cristã.

  1. Em primeiro lugar, vamos “problematizar” o Decálogo. Isto é, vamos lê-lo de forma crítica a fim de levantar algumas possíveis questões que ele comunica à sociedade de nossa época. Essa fase é essencial para iniciarmos o processo de reflexão filosófica e científica do comportamento, ou seja, a própria ética cristã.
  2. Em segundo lugar, vamos eleger um dentre os dez mandamentos para compreender melhor as suas características com a finalidade de aplicá-lo melhor ao nosso contexto. Para essa experiência, escolhemos o quarto mandamento, o do sábado, por estar especialmente relacionado à denominação adventista.
  3. Em terceiro e último lugar, pretenderemos enfatizar o principal fator para a resolução das principais dificuldades que envolvem os cristãos e o cumprimento da moral cristã a partir do Decálogo, uma vez mais com foco especial no exemplo que elegemos no início.

Com esses três passos em mente, convidamos o discente à última reflexão do curso de maneira prática. Queremos lembrar que o ato de questionar o Decálogo não é uma atitude de irreverência, mas uma tentativa de torná-lo ainda mais claro para a nossa prática diária.

Problematização do Decálogo

O Decálogo, ou seja, os dez mandamentos, é o conjunto de preceitos esculpidos em duas tábuas e conferidas a Moisés, na ocasião do êxodo do povo hebreu do Egito. Segundo o texto bíblico, essas leis foram escritas pelo próprio dedo de Deus (Êx 31:18) e, portanto, podem ser consideradas como leis de Sua própria autoria, independentemente de qualquer elucubração humana. A força do Decálogo está justamente nesse aspecto divino! Não é dito em ocasião alguma que as outras leis promulgadas foram escritas pelo “dedo de Deus”, embora fossem muito importantes para a sociedade israelita. Além disso, o Decálogo foi escrito nos moldes dos “tratados hititas”, ou seja, pode ser considerado um documento muito antigo que exige uma conduta moral específica como contrato de relacionamento entre um povo e o seu rei (ver DAVIDSON, 1995).

É do conhecimento geral que o Decálogo possui importância primordial no contexto bíblico. Ele é considerado como o código de conduta moral mais importante em duas grandes religiões monoteístas do mundo: o judaísmo e o cristianismo – além de ser respeitado por diversas outras religiões não cristãs. Neste momento, vamos expor em ordem as principais afirmações do Decálogo com o intuito de visualizar seus preceitos com mais objetividade (conforme o encontramos em Êx 20):

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Os dez mandamentos conforme Êxodo 20:1-17

Os dez preceitos acima, embora vastamente reconhecidos como leis morais universais e atemporais, possuem algumas peculiaridades que necessitam ser problematizadas, a fim de que cada um deles seja cabalmente compreendido e aplicado à vida diária. Por exemplo, ao exigir “não terás outros deuses diante de mim”, o que o mandamento reconheceria como um “deus”? Ora, na antiguidade isso faria muito mais sentido, visto que o contexto de henoteísmo e politeísmo era muito vasto! Essa afirmação teria muito mais significado para uma sociedade que possuía inúmeros deuses. Contudo, em nosso contexto, principalmente no ocidente, raríssimas são as ocasiões em que alguém acredita em outro deus, se não o referido pelo judaísmo ou pelo cristianismo. Podem até crer em uma “energia” ou em “Alá”, mas a referência ao Deus da Bíblia não será tão distinta, e o pensamento estará normalmente nos moldes monoteístas. Nesse caso, para que o primeiro mandamento fizesse mais sentido para o nosso contexto, teríamos que compreender o conceito de “deus” para, finalmente, aplicarmos a uma realidade em que não existe uma “guerra de deuses” e, portanto, não há a necessidade de escolher um entre muitos. Seria tarefa da ética cristã esforçar-se nesse sentido.

Vamos considerar também, aleatoriamente, o terceiro mandamento, “não tomarás o nome do teu Deus em vão”. Esse mandamento tornou-se tão obscuro com o passar dos anos que muitos cristãos o interpretam como uma espécie de proibição de falar o nome de Deus em atividades corriqueiras! Ou seja, quando alguém se assusta e exclama “Ah, meu Deus!” ela é acusada de cometer um pecado contra o terceiro mandamento por ter se utilizado do nome de Deus em uma situação comum. Assim, para muitos cristãos, esse mandamento fala a respeito da santidade do nome de Deus e da necessidade de pronunciá-lo apenas em ocasiões solícitas. Ora, é óbvio que o mandamento não está relacionado a isso! Mesmo assim, é interessante notar que a “obscuridade” do mandamento ocasionou uma interpretação equivocada da lei e, portanto, conduziu muitos cristãos a preocupações morais que estavam muito distantes dos ideais. A meu ver, é muito provável que esse mandamento fale sobre a necessidade do crente de agir em conformidade com o nome que representa. Por estar “representando” a vontade de Deus na Terra, ele deveria agir como quem “carrega o seu nome”. Ainda assim, cabe à ética cristã compreender o contexto da época e aplicar esse mandamento à nossa realidade da melhor forma possível.

Para comentar ainda outros mandamentos aleatórios, poderíamos questionar o mandamento “não matarás”. Esse mandamento inclui também os animais? O que falar, então, dos insetos? Não poderei matar baratas? E se em uma rara ocasião, por acaso, em um contexto de risco, eu reaja contra um assassino e o mate? Seria essa ação uma quebra do sexto mandamento ou não? Se não, o que tornaria a autodefesa uma justificativa para matar alguém? O aborto estaria relacionado a esse mandamento? Seria o feto uma “vida” em si, ou apenas um potencial para isso? Além disso, poderíamos questionar o oitavo mandamento, “não furtarás”, da mesma forma: Seria pecado furtar um pão para alimentar o meu filho, que está morrendo de fome? E quanto aos filmes que faço download da internet? Isso é considerado como roubo, já que não preciso pagar pelo preço deles? Da mesma forma, é pecado copiar CDs de música apenas para o consumo próprio? E se eu copiar um DVD dos Adoradores para fins evangelísticos? Sobre o nono mandamento, “não dirás falso testemunho”, podemos perguntar: É permitido mentir para salvar uma vida? É permitido mentir para fazer uma surpresa a uma pessoa? É proibido mentir para conseguir um emprego?

Não precisamos analisar todos os mandamentos para chegar à conclusão de que eles poderão ser problematizados. Mesmo com aparência “universal”, eles carecem de especificidades que só poderão ser respondidas com a reflexão ética em cada período em que tais mandamentos forem aplicados. Essa “carência” de um significado específico para todas as ocasiões é notada principalmente no aspecto da ambiguidade, presente em cada um dos mandamentos. A tirinha abaixo retirada do blog Traços do Reino poderá ilustrar esse aspecto de forma mais didática: [imagem ilegível]

Na tirinha acima, o personagem Moisés reclama do fato de o quarto mandamento ser muito ambíguo; afinal, ele só exige para que o sábado seja “santificado”, sendo as seguintes exigências nada específicas para os dias de hoje. Moisés, então, sugere que o personagem Deus acrescente uma informação para que o mandamento possa ser aplicado a uma situação específica: não assistir aos jogos da Copa do Mundo. Assim, os cristãos poderiam “santificar” o sábado agindo de uma maneira específica, a saber, não assistir aos jogos de futebol. Contudo, o personagem Deus desconsidera essa possibilidade alegando que as pessoas dariam muita importância a esse aspecto e não santificariam o sábado de fato. Por isso, Moisés sugere novamente que o sábado seja santificado com a informação de que cada um deve obedecer a sua própria consciência e não infringir a dos outros. Porém, o problema seria o mesmo. Por fim, os personagens decidem que a ambiguidade seria a melhor escolha, já que qualquer especificidade poderia atrapalhar o foco do mandamento: a santificação do Sábado.

O mandamento “não cobiçar o boi, a terra e a mulher do próximo” se refere à propriedade de uma pessoa. Se aplicado no sentido em que foi gerado, ele hoje seria classificado como machista (CORTELLA; BARROS FILHO, 2014, p. 33).

Neste ponto, o discente já deve ter percebido que, embora o mandamento possua um princípio muito claro para o comportamento correto, ele precisa ser devidamente discutido para ser aplicado à sociedade atual. Cobiçar, roubar ou mentir são considerados como incorretos, mas precisam ser aplicados aos nossos tempos. Não basta tomar o Decálogo ao pé da letra a partir de leituras literais e superficiais, a fim de ser mais “fiel” ao mandamento. Atitudes como essa apenas conduzirão o cristão a conclusões equivocadas sobre a vontade de Deus e, com efeito, à prática errônea de Suas prescrições. O aspecto do Decálogo que o torna “eterno” não é o seu conteúdo em si, ou as palavras que contém, mas o princípio que ele comunica como lei de Deus. A lei de Deus, de fato, é muito anterior ao Decálogo e, obviamente, muito mais abrangente do que ele. Os dez mandamentos em si não são eternos, mas comunicam um princípio eterno de uma lei absoluta! Gerge Knight (2001, p. 27, tradução livre), um historiador adventista, enfatiza esse aspecto da lei ao afirmar que “os princípios dos dez  mandamentos existem antes da queda (ou seja, do pecado), e eram adaptados à condição de uma ordem de seres celestiais”.¹ A mesma perspectiva será defendida por Ellen G. White (1958, 1980, v. 1, p. 220 e 230, tradução livre, grifo nosso), quando comenta

A lei de Deus existia antes da criação do ser humano. Ela foi adaptada para a condição dos seres santos; mesmo os anjos eram governados por ela. Depois da queda, os princípios da justiça estavam inalterados […] (Depois da transgressão de Adão, os princípios da lei) foram definitivamente acomodados e expressos em conformidade com o ser humano e sua condição caída.²

¹ “The principles of the ten commandments existed before the fall, and were of a character suited to the condition of a holy order of beings.

² “The law of God existed before man was created. It was adapted to the condition of holy beings; even angels were governed by it. After the Fall, the principles of righteousness were unchanger […] were definitely arranged and expressed to meet man in his fallen condition.

Isso quer dizer que um “anjo”, antes da prescrição dos dez mandamentos, não precisava se preocupar com o mandamento “não adulterarás”! (Há dúvidas, inclusive, se um anjo possui ou não um gênero sexual.) Ou seja, é muito provável que esse mandamento, especificamente falando, não foi prescrito porque não refletia um comportamento moral necessário no contexto celestial. A partir da criação do ser humano, da divisão dos gêneros sexuais e da realização do matrimônio – e só a partir de então – existirá um mandamento que exija fidelidade do casal e proíba o adultério. Da mesma maneira, somente com o avanço da tecnologia, dos meios de comunicação e das redes sociais – e somente a partir de então – podemos aplicar a ética às discussões sobre questões de adultério online, como a pornografia. Em suma, o princípio da lei de Deus deve ser aplicado a diversificados contextos de formas distintas. É evidente que mesmo uma questão simples como o mandamento “não adulterarás”, embora seja baseado em uma lei universal, deverá ser aprofundado e contextualizado com o passar dos anos. Assim como entre os anjos não se discutiam questões sobre adultério, no Éden não se discutia sobre pornografia na internet. Ou seja, a lei de Deus deve ser reelaborada de tempos em tempos de forma que seja aplicada à época vigente. Nas palavras do filósofo judeu Walter I. Rehfeld (1993, p. 9, grifo nosso), “a elaboração da Lei jamais para. Com as mudanças das condições de vida a Lei deve ser interpretada de geração em geração, para fazê-la aplicar a circunstâncias específicas.”

Reflexões éticas sobre o sábado

Até aqui aprendemos algo fundamental sobre o Decálogo: ele só será eterno se o seu princípio for aplicável a diferentes épocas e contextos. Essa aplicação deverá ser realizada pela ética cristã, que discutirá a exigência moral de cada mandamento dentro de determinada época. Neste ponto, para colocar em prática o que discutimos até aqui, vamos eleger o quarto mandamento a fim de, em primeiro lugar, problematizá-lo e, em segundo lugar, refletir a respeito da sua prática para os nossos dias. Ele está em Êxodo 20:8-11, como se segue:

Lembra-te do dia do sábado para o santificar. Seis dias trabalharás e farás toda a tua obra. Mas o sétimo dia é o sábado do Senhor teu Deus; não farás nenhuma obra, nem tu, nem teu filho, nem tua filha, nem o teu servo, nem a tua serva, nem o teu animal, nem o teu estrangeiro, que está dentro das tuas portas. Porque em seis dias fez o Senhor os céus e a terra, o mar e tudo o que neles há, e ao sétimo dia descansou; portanto abençoou o Senhor o dia do sábado, e o santificou.

O quarto mandamento é de extrema importância para Igreja Adventista do Sétimo Dia e para outras igrejas “sabatistas” (o que inclui o judaísmo). A primeira dificuldade que ele comunica encontra-se na ação proibida para esse dia, “trabalhar”. O que é trabalhar? Ou melhor, o que é um trabalho? Hoje poderíamos considerar como “profissão” ou “bico”, mas qual era o sentido de “trabalho” na época em que o mandamento foi pronunciado?

A comunidade judaica, com o passar dos anos, deparou-se com essa mesma dificuldade e, como de costume, procurou entendê-la. A princípio, as motivações pareciam boas, mas, com o passar dos anos, os esforços chegaram a extremos indesejados. O primeiro detalhe definido foi justamente o termo “trabalho” (מְלָאכָה). A Bíblia expõe apenas alguns tipos de trabalho que não deveriam ser realizados no sábado (Êx 34:21; Nm 15:32-36; Ne 13:15-18; Is 58:13; Jr 17:22; Am 8:5; Êx 16:29-30; Êx 35:2-3). Partindo do contexto de Êxodo 31:1-18 (na construção do tabernáculo), eles entenderam que o trabalho é:

“qualquer atividade que modifique a forma natural de um objeto”. Obviamente, existem muitas atividades com essa característica. Portanto, foram divididas 39 categorias de atividades denominadas como “trabalho” que foram proibidas no sábado pela comunidade judaica após o exílio babilônico.

É interessante notar que foram elaboradas 39 “categorias”, ou seja, não eram atividades específicas, mas uma determinada ação que correspondia a uma série de atividades. Por exemplo, durante o sábado, proibia-se atividades como arar a terra, peneirar e acender fogo. Ora, é muito provável que tais atividades, de fato, representassem ações típicas de trabalho, contudo, com o passar dos anos elas começaram a causar dificuldades. Visto que “arar”, por exemplo, corresponde à ação de abrir uma fenda na terra com algum objeto cumprido (a fim de jogar as sementes), o que aconteceria se um indivíduo arrastasse uma cadeira sobre a terra no sábado? Ele estaria arando, já que a ação de arar é bem representada dessa forma? Entre os elaboradores das 39 categorias, sim!, não era permitido arrastar uma cadeira na terra durante o sábado. Da mesma maneira, entre os judeus mais ortodoxos, é proibido até hoje utilizar-se de energia elétrica durante o sábado. Isso ocorre porque partem do princípio de que para gerar eletricidade é necessário gerar faíscas. Visto que gerar faíscas relacionar-se à ação de “acender fogo”, uma das categorias da lei oral, eles não se permitem ligar o carro, acender a luz, andar de elevador ou outras atividades do gênero.

Neste ponto, o estudante já deve ter percebido que embora tenham levantado a pergunta correta, eles a responderam de maneira errônea. A palavra “trabalhar” em Êxodo 20:8-11, de fato, corresponde o centro da proibição do mandamento. Contudo, para que ele fosse devidamente aplicado, bastaria definir um conceito mais amplo para “trabalho” naquela época, e não aplicá-lo de forma tão rígida às atividades específicas! Essa formalidade desnecessária às categorias de atividades que corresponderiam um “trabalho” os conduziu ao legalismo, que enfatizava mais aquilo que a tradição definia como certo e errado do que aquilo que o mandamento em si parecia dar importância. A guarda do sábado passou a ser uma data em que os judeus estavam mais preocupados com as atividades que “não deveriam fazer” (e eram infinitas) do que com a atividade que o quarto mandamento enfatiza como primordial: descansar no sábado e santificá-lo.

Pode parecer um absurdo para nós o fato de os judeus criarem “tradições” em torno da guarda do sábado, conferindo mais atenção a elas do que ao cerne do mandamento. Contudo, devemos observar que esse costume ainda perdura, embora em religiões diferentes. Queremos dizer que, certas atividades consideradas “incorretas” para o sábado, com o passar dos anos, transformaram-se de maneira definitiva, a ponto de significar justamente o contrário. Contudo, algumas dessas atividades continuam sendo interpretadas como incorretas por insistência no que ela significou no passado, e ao passo que as peculiaridades atuais a seu respeito são desconsideradas. Para entendermos melhor esse problema dentro do nosso contexto, devemos abordar o conceito de “trabalho” a partir de uma atividade comum a todas as épocas que, com o passar dos anos, apresentou características distintas. Para tornar a nossa explicação mais específica, resolvemos adotar o ato de “cozinhar”, contudo, dentro do contexto da guarda do sábado.

Há 60 ou 70 anos, por exemplo, as mulheres tinham o costume de preferir o trabalho doméstico enquanto os seus maridos saíam para trabalhar. Elas limpavam a casa, cuidavam dos filhos, preparavam o alimento e cuidavam dos animais. Quando o seu marido chagava, portanto, a casa já estava limpa, a comida pronta e as crianças tranquilas. Visto que o serviço doméstico era trabalhoso durante a semana, os adventistas entendiam que ele deveria ser evitado no sábado! Essa atitude é completamente justificável, já que, aos sábados, os cristãos deveriam deixar de lado os seus trabalhos semanais. Portanto, cabia à mulher preparar a comida na sexta-feira para que, no sábado, as atividades domésticas não fossem realizadas. Podemos perceber que, para a sociedade daquela época, o sábado estava sendo muito bem guardado, visto que durante aquele dia a família, literalmente, descansava de seus afazeres, tanto a mulher quanto seu marido.

Contudo, a mudança da sociedade é algo inevitável. Com o passar dos anos percebemos que ela se configura de uma maneira completamente diferenciada! As famílias que costumam se formar hoje em dia não possuem uma distinção muito precisa entre a pessoa responsável pelo “trabalho doméstico” e a pessoa responsável pelo “trabalho profissional”. Ao passo que as mulheres conquistaram espaço no mercado e trabalho, muitas delas optaram por deixar os serviços domésticos a fim de se dedicarem à sua profissão. Logo, atividades como limpar, cozinhar, lavar etc. não estão mais associadas a um “trabalho” semanal na família, visto que, em muitas delas, ambos pai e mãe trabalham fora de casa, deixando as atividades caseiras, às vezes, para os filhos ou para as ajudantes domésticas. Assim, o ato de cozinhar, por exemplo, não corresponde mais a um “trabalho” semanal exercido por algum dos familiares; na verdade, quando uma família desse tipo se reúne para cozinhar e comer algo juntos, essa atividade pode ser classificada quase como um “momento de lazer”, já que o ato de preparar o alimento não é uma atividade corriqueira durante a semana. Em alguns aspectos, é até uma “folga” do estresse cotidiano. Portanto, o fato de muitas famílias adventistas hoje não conferir tanta importância ao ato de cozinhar no sábado ocorre justamente porque essa atividade não é mais entendida como um “trabalho”, mas como uma espécie de lazer, ou um hobby. Ainda assim, devemos admitir que, em alguns contextos atuais, o ato de cozinhar ainda permanece como um “trabalho”, principalmente quando exercido de maneira profissional.

No geral, devemos admitir que a sociedade que recebeu o Decálogo no deserto – composto por homens e mulheres recém-afastados da escravidão no Egito Antigo – é infinitamente diferente de sociedade hoje. Portanto, o mandamento do sábado deve ser respeitado de acordo com o estilo de vida aplicado a nossa sociedade. Não se trata de um desrespeito ao sábado aplicá-lo a essas demandas; ao contrário, é justamente a procura por uma maneira de respeitá-lo da melhor forma possível. Em uma sociedade capitalista, globalizada e imediatista, é provável que o sábado possua um significado muito semelhante ao apontado por Nilton Bonder (2001, p. 89):

Para um mundo no qual funcionar 24 horas por dia parece não ser suficiente; onde o meio ambiente e a terra imploram por uma folga, uma pausa; onde nós mesmos não suportamos mais a falta de tempo – o Shabat é uma necessidade do planeta […] Hoje o tempo de “pausa” é preenchido por diversão e alienação. Lazer não é feito de descanso, mas de ocupações para não nos ocuparmos. A própria palavra “entretenimento” indica o desejo de não parar. É a busca de algo que nos distraia para que não possamos estar totalmente presentes. Estamos cansados mesmo quando descansados. E a incapacidade de parar é uma forma de depressão. O mundo está deprimido e a indústria do entretenimento só pode crescer nessas condições.

Portanto, até aqui, percebemos que a insistência em “não cozinhar” no sábado, se é que ela existe, seria desnecessária; na verdade, ela representaria a insistência em um “pensamento tradicional”, ou seja, um comportamento que não necessariamente tem relações com a atualidade, mas que é seguido por costume, e apenas por isso. Se os cristãos adventistas optam por não cozinhar no sábado no século XXI, como pontuamos acima, deveriam ter motivos muito mais justificáveis do que o “costume”. A ética cristã trabalhará com a necessidade de guardar o sábado, de cozinhar e de responder às demandas da sociedade, e não estará preocupada em manter tradições que não se justificam. Como é evidente, o sábado é guardado, contudo, da melhor maneira possível em determinada época da história da comunidade adventista. Embora seja um exemplo diminuto, segue-se que cozinhar no sábado, para nossa sociedade, não é corresponde à desobediência ao quarto mandamento; como o ato de cozinhar atualmente está relacionado ao ato de lazer, de hobby, ele poderia estar associado a um ambiente de descanso e de harmonia familiar, tão desejado pelas famílias no dia de sábado.

O Decálogo e a autonomia humana

Se você prestou atenção, percebeu que no tópico acima fomos capazes de aplicar a ética cristã ao quarto mandamento, o da guarda do sábado. Nós questionamos a natureza do “trabalho” e identificamos, a partir da atividade de “cozinhar”, o que seria melhor para a guarda do sábado atualmente. No fim, concluímos que cozinhar não seria, hoje em dia, uma atividade má vista no sábado, devido aos significados que ela possui para a nossa sociedade.

Portanto, neste ponto, devemos enfatizar o fator que nos possibilitou realizar essa pesquisa e entender a melhor maneira de guardar o sábado quando se trata de aplicar os seus princípios ao nosso tempo. Como estudamos na Unidade 1, a ética só é possível no âmbito da liberdade. Por isso, se fomos capazes de questionar o mandamento e contextualizá-lo a fim de aplicar os seus princípios da melhor forma possível, isso ocorre porque Deus nos conferiu liberdade para guardar o mandamento. Isto é, liberdade para guardar o sábado da melhor forma possível.

Como estamos falando especificamente sobre o sábado, seria interessante finalizar a nossa discussão com o que esse mandamento pode nos oferecer de melhor. Lembre-se que ele constitui um “mandamento”, uma conduta moral exigida por Deus e, portanto, uma revelação de Sua vontade. Como bons cristãos, queremos fazer a vontade de Deus; mais do que isso, queremos fazer a vontade de Deus da melhor forma possível. Para agir dessa forma, ou seja, para escolher a melhor forma possível, precisamos de liberdade para perseguir essa opção! Precisamos de autonomia para regular o mandamento às nossas vidas de forma que a vontade de Deus seja vivida na sua plenitude. Talvez justamente por isso que Jesus Cristo tenha dito que “o sábado foi feito para o homem, e não o homem para o sábado” (Mc 2:27). É como se Ele estivesse presenteando a humanidade com esse dia para que fosse o melhor dia da semana. Ou seja, um dia “santo” (separado) que deveria tornar-se o melhor! O ser humano, por ser o dono do presente, é o responsável por isso. Está em suas mãos a responsabilidade de transformar o sábado em um dia de descanso, deleite e libertação.

Assim, como vimos, o ser humano precisa de liberdade para atuar; precisa de autonomia para viver o sábado da melhor forma possível. A própria palavra “autonomia” corresponde à junção de dois termos gregos: αυτóς e νóμος. O primeiro se refere a algo que é “próprio”, de “si mesmo”; e o seguindo significa “lei” ou “norma” (ver GINGRICH; DANKER, 2012, p. 38 e 141). No contexto de nossa discussão, possuir autonomia significa possuir liberdade para viver o mandamento à sua maneira, ou seja, da melhor forma possível. Para tanto, o cristão não deveria se esquecer dos princípios fundamentais que regem essa lei, isto é, o comportamento correto que ela exige: a santificação e o descanso do trabalho semanal. Embora ambíguos, essa falta de especificidade corrobora com a própria autonomia humana. Só assim o ser humano terá a capacidade de abraçar o mandamento para vivê-lo da melhor forma possível, justamente porque é livre para apreciá-lo e, como diria Ellen G. White na citação acima, “acomodá-lo” à nossa realidade, o que implica “tornar cômodo”, ou seja, preparar para ele um local confortável.

Finalizando essa questão, podemos citar um texto judaico antigo a respeito da relação entre o mandamento e a liberdade:

Não digas: “É o Senhor que me faz pecar”, porque ele não faz aquilo que odeia. Não digas: “É ele que me faz errar”, porque ele não tem necessidade de homem pecador. O Senhor odeia toda espécie de abominação e nenhuma é amável para os que o temem. Desde o princípio ele criou o homem e o abandonou nas mãos de sua própria decisão. Se quiseres, observarás os mandamentos para permanecer fiel ao seu prazer. Ele colocou diante de ti o fogo e a água; para o que quiseres estenderás tua mão (Sabedoria de Ben Sirac, 15:11-16).

O mandamento está, assim, à nossa disposição. Por isso, devemos tratá-lo com respeito, pois ele corresponde à vontade do próprio Deus. Fomos criados com livre-arbítrio para viver a vontade de Deus da melhor forma possível. Isso significa que o mandamento não deve estar em nossas vidas como um fardo, uma espécie de obrigação sem sentido. Ele deve comunicar vida aos que o seguem. O apóstolo João nos ensinou que os mandamentos de Deus “não são pesados” (1Jo 5:3). Portanto, se o ato de guardá-los nos traz situações de desconforto ou nos conduz a comportamentos legalistas, estaremos guardando qualquer outra coisa, menos os mandamentos de Deus. Sem sombra de dúvidas, ele representa a “lei da liberdade” (Tg 2:12).

Considerações finais

Por fim, nesta unidade, fomos capazes de aplicar os conceitos estudados nas unidades anteriores de maneira prática. No início, fomos introduzidos ao Decálogo e fizemos questão de questioná-lo de diversas formas. Esse questionamento nos conduziu à certeza de que ele, embora escrito por Deus em tábuas de pedra, ainda precisava da ética cristã para que pudesse ser aplicado a o nossa realidade da melhor maneira possível. Portanto, a fim de realizar essa empreitada, escolhemos um mandamento específico para aplicar a ética cristã: o quarto mandamento sobre a guarda do sábado.

Ao ler o quarto mandamento em seu contexto, percebemos que havia a necessidade de definir o termo “trabalho”, que corresponde à atividade proibida no dia do sábado. Depois de entender como os judeus, após o exílio babilônico, costumavam abordar o quarto mandamento, entendemos que o termo “trabalho” não poderia ser definido de maneira determinante, pois não seria capaz de lidar com a diversidade da experiência humana. Quando trouxemos o conceito de “trabalho” para o contexto atual, consideramos uma atividade humana específica, o ato de cozinhar, como alvo de nossa reflexão ética, a fim de entender minimamente a sua função dentro do descanso sabático. Por fim, fomos capazes de entender, mesmo que de forma simplificada, que os significados atribuídos ao ato de cozinhar mudaram significativamente com o passar dos anos, de maneira que não estivesse mais associado a um “trabalho” em si, mas a um lazer. Assim, chegamos à conclusão de que, atualmente, cozinhar é uma boa atividade para ser realizada no sábado – salvo as infinitas exceções que poderiam existir nesse contexto, mas que exigiriam um esforço de reflexão ética à parte.

Mesmo no instante de nosso curso em que deveríamos concluir a matéria que estamos estudando, devemos admitir que, quando se trata de ética, a história será muito diferente. Como você já sabe, a ética é uma busca, uma reflexão que demanda a atividade intensa do questionamento. O mesmo deve ser reconhecido no que se trata do exemplo desta unidade. A questão poderia ser aprofundada ainda mais, mesmo quando chegamos a um breve consenso sobre o ato de cozinhar no sábado. Por exemplo: Qual é o papel do “lazer” na guarda do sábado? Se no sábado o objetivo do cristão é o “lazer” ou mesmo o contrário, seria ele teleológico em si? Enfim, muitas outras perguntas poderiam ser levantadas e, certamente, ainda superficialmente respondidas. A possibilidade de questionarmos um comportamento é evidência de que em todas as ocasiões temos a oportunidade fazer o que é melhor para Deus, para o próximo e para nós mesmos. A partir do momento em que um mandamento torna-se rígido, ele limitará a vontade de Deus, será utilizado como instrumento de juízo contra o próximo e será útil apenas para a glorificação ou flagelação pessoal. Devemos ser humildes para reconhecer que o comportamento mais correto será, na maioria esmagadora da ocasiões, apenas aquilo que consideramos como o melhor comportamento, a partir do conhecimento da vontade de Deus e de nossa condição atual.

Referências bibliográficas

BARROS FILHO, Clóvis de; CORTELLA, Mario Sergio. Ética e vergonha na cara. Capinas: Papirus 7 mares, 2014.

BONDER, Nilton. Judaísmo relevante no século XXI. In: BONDER, Nilton; SORJ, Bernardo (Orgs.). Judaísmo para o século XXI: o rabino e o sociólogo. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Editor, 2001.

DAVIDSON, Robert. Ideologia da aliança no Israel antigo. In: CLEMENTS, R. E. O mundo no antigo Israel. São Paulo: Paulus, 1995.

GINGRICH, F. Wilbur; DANKER, Frederickk W. Léxico do Novo Testamento: grego/português. São Paulo: Vida Nova, 2012.

KNIGHT, George R. I used to be perfect: a study of sin and salvation. Michigan: Andrews University Press, 2001.

REHFELD, Walter I. Nas sendas do judaísmo. São Paulo: Perspectiva, 2003.

WHITE, Ellen G. Selected Messages. Washington: Review and Herald, 1958, 1980. v. 1.

(Felipe Carmo, Curso de Pós-graduação em Métodos e Técnicas de Ensino, Centro Universitário Adventista de São Paulo- UNASP, Campus Virtual, Disciplina: Filosofia e Ética Crisã, Unidade 4)

Os Dez Mandamentos escritos por Deus

Deus escreve os dez mandamentos em tábuas de pedras (em duas ocasiões)

“Então, disse o SENHOR a Moisés: Sobe a Mim, ao monte, e fica lá; dar-te-ei tábuas de pedra,e alei, e os mandamentos que escrevi para os ensinares.” (Êxodo 24:12)

“E, tendo acabado de falar com ele no monte Sinai, deu a Moisés as duas tábuas do Testemunho, tábuas de pedra, escrita pelo dedo de Deus.” (Êxodo 31:18)

“As tábuas eram obra de Deus; também a escritura era a mesma escritura de Deus, esculpida nas tábuas.” (Êxodo 32:16)

“Então, disse o SENHOR a Moisés: Lavra duas tábuas de pedra, como as primeiras; e Eu escreverei nelas as mesmas palavras que estavam nas primeiras tábuas, que quebraste.” (Êxodo 34:1)

“Moisés ficou junto do Senhor quarenta dias e quarenta noites, sem comer pão nem beber água. E o Senhor escreveu nas tábuas o texto da aliança, as dez palavras.” (Êxodo 34:28 na “Versão Católica”)

“Então, vos anunciou Ele a Sua aliança, que vos prescreveu, os de mandamentos, e os escreveu em duas tábuas de pedra.” (Deuteronômio 4:13)

“Estas palavras falou o SENHOR a toda vossa congregação no monte, do meio do fogo, da nuvem e da escuridade, com grande voz, e nada acrescentou. Tendo-as escrito em duas tábuas, deu-mas a Mim.” (Deuteronômio 5:22)

“Deu-me o SENHOR as duas tábuas de pedra, escritas com o dedo de Deus; e, nelas, estavam todas as palavras segundo o SENHOR havia falado convosco no monte, do meio do fogo, estando reunido todo o povo.” (Deuteronômio 9:10)

“Escreverei nas duas tábuas as palavras que estavam nas primeiras que quebraste, e as porás na arca.” (Deuteronômio 10:2)

“Então, escreveu o SENHOR nas tábuas, segundo a primeira escritura, os dez mandamentos que Ele vos falara no dia da congregação, no monte, no meio do fogo; e  SENHOR mas deu a Mim.” (Deuteronômio 10:4)

Os dez mandamentos da lei de Deus x os dez mandamentos da lei dos homens

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“Os protestantes hoje insistem em que a ressurreição de Cristo no domingo fê-lo o sábado cristão. Não existe, porém, evidência escriturística para isto. Nenhuma honra semelhante foi conferida ao dia por Cristo ou Seus apóstolos. A observância do domingo como instituição cristã teve origem no “mistério da injustiça” (II Tess. 2:7) que, já no tempo de Paulo, começara a sua obra. Onde e quando adotou o Senhor este filho do papado? Que razão poderosa se poderá dar para uma mudança que as Escrituras não sancionam?” (História da Redenção, p. 330).

Código de Hamurabi

O Código de Hamurabi, hoje disposto no museu do Louvre em Paris, é um dos mais antigos conjuntos de leis já encontrados, e um dos exemplos mais bem preservados deste tipo de documento da antiga Mesopotâmia. Segundo os cálculos, estima-se que tenha sido elaborado por volta de 1700 a.C. Alguns de seus estatutos, como a lei “olho por olho” ou talião, são similares aos princípios mosaicos (Êxodo 21:24), mas isso não significa que Moisés dependeu de Hamurabi para escrever suas leis, estas foram inspiradas por Deus, ainda que tenham semelhança com códigos anteriores.

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(Rodrigo Silva Arqueologia)